Cuando queremos indicar que alguien es, extremadamente imbécil o realmente tonto, lo rematamos con la frase: "es tonto de capirote". Esta frase hecha, tiene su origen en un artículo de Miguel de Unamuno en 1923, refiriéndose a los tontos de alquiler, que solían contratarse para animar las fiestas y su distintivo más importante era que llevaban puesto un gorro puntiagudo al que se le llama capirote.
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