Fue el cura a destapar al bebé para rociarle con agua bendita en el día de su bautizo, cuando le sorprendió las llagas, picazones y ronchas que la criatura tenía en el cuello. No pudo evitar hacerles a los padres y padrinos el siguiente comentario:
- "A este niño hay que ponerle penicilina"
Y el padre respondió: - "Póngale usted Manolo", como yo, o lo llevo que lo bautizen en la otra parroquia.
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