Empleamos esta "frase hecha", para indicar que vemos en el descendiente rasgos y actitudes de su progenitor, en una palabra, que ha heredado las virtudes o defectos de sus familiares.
Efectivamente, el símil se ajusta perfectamente al dicho, ya que los galgos, durante siglos han sido muy apreciados por su rapidez y por ser perros muy amaestrados para la caza, tenían su pedigrí y eran muy valorados al nacer, según sus descendientes.
El origen de la frase, aunque remoto, escrito está sobre el año 1.600 y se cita en "el Guiton Onofre" de Gregorio González.
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