sábado, 15 de agosto de 2015

QUIEN FUE A SEVILLA, PERDIÓ SU SILLA

Usamos esta "frase hecha":"Quien se fue a Sevilla, perdió su silla", para indicar a alguien, que debe guardar lo que tiene y no apostar por aventuras poco claras. 
En una palabra que valore lo que le pertenece, porque una vez que lo deje, seguro, lo perderá para siempre.
El símil, con rima a tono, hace que haya quedado para siempre en nuestro idioma, ya que se usa a diario y es una frase muy popular.
El origen castellano, aparece en varias obras y es un hecho histórico que acaeció en el reinado de Enrique IV (segunda mitad del Siglo XV) cuando al arzobispo de Sevilla, se le concedió también el de Santiago de Compostela y dejó en Sevilla a cargo del Arzobispado a un sobrino suyo, que a la vuelta del Arzobispo, que no le apeteció Santiago, no quiso abandonar el puesto y, tal fue la cerrazón del sobrino, que el propio Rey tuvo que intervenir.

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