Usamos esta "frase hecha":"Quien se fue a Sevilla, perdió su silla", para indicar a alguien, que debe guardar lo que tiene y no apostar por aventuras poco claras.
En una palabra que valore lo que le pertenece, porque una vez que lo deje, seguro, lo perderá para siempre.
En una palabra que valore lo que le pertenece, porque una vez que lo deje, seguro, lo perderá para siempre.
El símil, con rima a tono, hace que haya quedado para siempre en nuestro idioma, ya que se usa a diario y es una frase muy popular.
El origen castellano, aparece en varias obras y es un hecho histórico que acaeció en el reinado de Enrique IV (segunda mitad del Siglo XV) cuando al arzobispo de Sevilla, se le concedió también el de Santiago de Compostela y dejó en Sevilla a cargo del Arzobispado a un sobrino suyo, que a la vuelta del Arzobispo, que no le apeteció Santiago, no quiso abandonar el puesto y, tal fue la cerrazón del sobrino, que el propio Rey tuvo que intervenir.

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