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Los charlatanes congregaban al público en las plazas de las ciudades y pueblos y vendían, sobre todo ilusión, ofrecían: un crece-pelo mágico, que en pocos días daría lugar a una enorme melena; un elixir de la felicidad, que haría que se enamorasen de tí quien tú quisieras; o un ungüento que remediaba todos los males y enfermedades.
Pero la reflexión que os traigo hoy, es la de la habilidad de oratoria para crear la necesidad de poseer sus mercancías a un público variopinto, que se acercaba allí sin ninguna intención de comprar. No entro en la ignorancia de entonces, porque hoy en día también "nos la cuelan" por todas partes. |

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