Cuando queremos decir que no nos fiamos de lo que se nos dice y tenemos dudas, empleamos la frase hecha: "Aquí hay gato encerrado".
El origen está en el siglo de Oro, cuando las bolsas para guardar las monedas se hacían de piel de gato y más de uno sorprendía por las riquezas que escondían sus bolsas, cuando su apariencia no era de rico.

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