Le regalaron un jamón, bien embalado, etiquetado y con un aspecto impresionante. Estaba deseoso de llegar a su casa para probarlo. Una vez desembalado descubrió que el jamón era de palo. Lleno e ira llamó por teléfono a la empresa que se indicaba en la etiqueta del jamón y le dijeron: - Señor, nosotros no tenemos de la culpa de que el cerdo fuese cojo.

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