
Trás la desaparición del Impero Romano, proliferan las "lenguas romance" en la Península Ibérica. Estas lenguas, derivan directamente del Latín hablado, que era menos culto, pero de empleo cotidiano por el pueblo.
Nos situamos en el Siglo III de nuestra era y, a partir de ahí, con grandes influencias y expresiones, no latinas, que también tuvieron acomodo en el idioma hablado.
Cuando el Imperio Romano dio paso a: Vándalos, árabes (durante 7 siglos) y la comunidad judía con casi 1500
congregaciones, por toda la península, durante todos estos siglos (hasta su expulsión por los Reyes Católicos), se formó un crisol de culturas muy activas y comerciales que dieron forma a nuestro idioma actual, que tomó como propias, cientos de palabras no latinas. Todo este proceso fue lento y duró varios siglos.
La comunidad judía más culta, escribió una extensa gramática que fue la base y el embrión de aquella gramática que, siglos más tarde usaron, Cervantes, Quevedo, Lope, Calderón, Góngora, el Arcipreste y tantos otros, dando lugar al llamado "Siglo de oro" de nuestras letras.
El empuje del descubrimiento de América hizo que aumentara el número de palabras y de españoles parlantes. Creándose casi automáticamente, propuestas de desarrollo de la lengua, que hicieron muy necesaria la creación, siglos más tarde, de la Real Academia de la lengua española que admitió términos y palabras nuevas.
Este es uno, sino el más importante, legado cultural que nos identifica como comunidad parlante, siendo el idioma más vivo y actualizado, en tiempo real, del Planeta.
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